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EL REY DON PEDRO EL CRUEL |
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Por los campos de Jerez a caza va el rey don Pedro; en llegando a una laguna, allí quiso ver un vuelo. Vido volar una garza, disparóle un sacre nuevo, remontárale un neblí, a sus pies cayera muerto. A sus pies cayó el neblí, túvolo por mal agüero. Tanto volaba la garza, parece llegar al cielo. Por donde la garza sube vio bajar un bulto negro; mientras más se acerca el bulto, más temor le va poniendo, con el abajarse tanto, parece llegar al suelo, delante de su caballo, a cinco pasos de trecho; De él salió un pastorcico, sale llorando y gimiendo, la cabeza desgreñada, revuelto trae el cabello, con los pies llenos de abrojos y el cuerpo lleno de vello; en su mano una culebra, y en la otra un puñal sangriento; en el hombro una mortaja, una calavera al cuello; a su lado, de traílla, traía un perro negro, los aullidos que daba a todos ponían gran miedo; y a grandes voces decía: -Morirás, el rey don Pedro, que mataste sin justicia los mejores de tu reino: mataste tu propio hermano, el Maestre, sin consejo, y desterraste a tu madre, a Dios darás cuenta de ello. Tienes presa a doña Blanca, enojaste a Dios por ello, que si tornas a quererla darte ha Dios un heredero, y si no, por cierto sepas te vendrá desmán por ello; serán malas las tus hijas por tu culpa y mal gobierno, y tu hermano don Enrique te habrá de heredar el reino; morirás a puñaladas, tu casa será el infierno. Todo esto recontado, despareció el bulto negro. |
Ha llegado hasta hoy impreso en dos pliegos sueltos y aparece en la Silva de Romances, (Zaragoza, 1550-51) |
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| ARRIBA | |
—Doña María de Padilla, no os me mostredes triste, no que si me casé dos veces hícelo por vuestro amor, y por hacer menosprecio a doña Blanca de Borbón. Envió luego a Sidonia que me labren un pendón, será de color de sangre, de lágrimas su labor; tal pendón, doña María, se hace por vuestro amor. Fue a llamar a Alonso Ortiz, que es un honrado varón, para que fuese a Medina a dar fin a la labor. Respondiera Alonso Ortiz: -Eso, señor, no haré yo, que quien mata a su señora es aleve a su señor. El rey no le dijo nada, en su cámara se entró enviara dos maceros, los cuales él escogió. Estos fueron a la reina, halláronla en oración. La reina como los vido casi muerta se cayó, mas después en sí tornada, con esfuerzo les habló: -Ya sé a qué venis, amigos, que mi alma lo sintió; y pues lo que está ordenado no se puede excusar, no. Di, Castilla, ¿qué te hice? No por cierto, no traición. ¡Oh Francia mi dulce tierra! ¡Oh mi casa de Borbón! Hoy cumplo dieciéis años en los cuales muero yo; el rey no me ha conocido, con las vírgenes me voy. Doña María de Padilla, esto te perdono yo; por quitarte de cuidado lo hace el rey mi señor. Los maceros le dan priesa, ella pide confesión: perdónalos a ellos, y puesta en contemplación danle golpes con las mazas: así la triste murió. |
Doña Blanca de Borbón es la esposa de don Pedro I, murió mientras estaba presa por orden de su marido, el rey. Doña María de Padilla es la amante del rey. |
| Hay tres versiones antiguas de este romance: En el Cancionero de romances y en la Silva de romances, de 1550 | |
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| LA CONQUISTA DE NÁPOLES | |
Miraba de CampoViejo el rey de Aragón un día, miraba la mar de España cómo menguaba y crecía; unas van y otras venían: unas venían de armada, otras de mercadería; unas van la vía de Flandes, otras la de Lombardía; esas que vienen de guerra ¡oh, cuán bien le parecían! Miraba la gran ciudad que Nápoles se decía, miraba los tres castillos que la gran ciudad tenía: Castel Novo y Capuana, Santelmo, que relucía, aqueste relumbra entre ellos como el sol de mediodía. Lloraba de los sus ojos, de la su boca decía: -¡Oh ciudad, cuánto me cuestas por la gran desdicha mía! Cuéstasme duques y condes, hombres de muy gran valía, cuéstasme un tal hermano, que por hijo le tenía; de esotra gente menuda cuento ni par no tenía; cuéstame ventidós años, los mejores de mi vida, que en ti me nacieron barbas, y en ti las encanecía. |
Se refiere a la conquista de Nápoles en 1432, parece que el romance surge muy próximo a los hechos. |
| Aparece en Cancioneros de siglo XVI y hay una versión en la tradición oral catalana y en Andalucía. | |
| REYES CATÓLICOS | ARRIBA |
| MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN | |
Nueva triste, nueva triste que sona por toda España, que ese príncipe don Juan está malo en Salamanca. Malo está de calentura, que otro mal no se le halla; íbalo a ver el duque, ese duque de Calabria. —¿Qué dicen de mí, ay, duque? ¿qué dicen por Salamanca? —Que está malo vuestra alteza, mas que su mal que no es nada —Ansí plegué al Dios del cielo y a la Virgen coronada Si d'esta no muero, duque, duque, no perderéis nada Estas palabras diciendo siete dolores entraban; los seis le miran el pulso, dicen que su mal no es nada el postrero que lo mira es el doctor de la Parra. Hincó rodilla en el suelo, mirándole está la cara. —Cómo me miras, dotor, cómo me miras de gana. —Confiésese vuestra alteza, mande ordenar bien su alma. Tres horas tiene de vida, la una que se le acaba.— Estas palabras estando el rey su padre llegaba. —¿Qué es aqueso, hijo mío, mi heredero de España? O tenéis sudor de vida o se os arranca el alma. Si vos morís, mi hijo, ¿qué hará aquel que tanto os ama?— Estas palabras diciendo ya caye que se desmaya. |
El suceso histórico es la muerte del heredero de los Reyes Católicos, ocurrió en Salamanca en octubre de 1497.
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Se conservó en la tradición oral de Castilla, Asturias, Galicia, Portugal, Canarias y de los sefardíes de Oriente y Marruecos. Aparecen algunos versos en obras de los Siglo de oro: la comedia La serrana de la Vera de Luis Vélez de Guevara. Hay una copia en un manuscrito del siglo XVI. |
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Fronterizos |
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| Narran la toma de Antequera por los cristianos en 1410. | |
ROMANCE DEL ALCAIDE DE ANTEQUERA |
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Narra la toma de Antequera por los cristianos en 1410. |
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Se conserva en Cancioneros de siglo XVI, y algunos versos en la tradición oral de los sefardíes orientales. |
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De Antequera partió el moro, tres horas antes del día, con cartas en la su mano en que socorro pedía. Escritas iban con sangre, mas no por falta de tinta. El moro que las llevaba ciento y veinte años había; la barba llevaba blanca la calva le relucía; toca llevaba tocada, muy grande precio valía, la mora que la labrara por su amiga la tenía; alhaleme en su cabeza con borlas de seda fina. Caballero en una yegua, que caballo no quería. Sólo con un pajecico que le tenga en compañía, no por falta de escuderos, que en su casa hartos había. Siete celadas le ponen de mucha caballería, mas la yegua era ligera, de entre todos se salía. Por los campos de Archidonia a grandes voces se decía: -¡Oh, gran rey, si tú supieses mi triste mensajería, mesarías tus cabellos y la tu barba vellida! El rey que venir lo vido a recibir lo salía con trescientos de a caballo, la flor de la morería. Bien seas venido, el moro, buena sea tu venida. -Alá te mantenga, rey, con toda tu compañía. -Dime, ¿qué nuevas me traes de Antequera esa mi villa? -Yo te las diré, buen rey, si tú me otorgas la vida. -La vida te es otorgada, si traición en ti no había. -¡Nunca Alá lo permitiese hacer tan gran villanía! Mas sepa tu real alteza Lo que ya saber debía, que esa villa de Antequera en gran aprieto de veía; que el infante don Fernando cercada te la tenía. sin cesar noche ni día; Manjar que tus moros comen: cueros de vaca cocida. Buen rey, si no la socorres muy presto se perdería- El rey, cuando aquesto oyera, de pesar se amortecía; Haciendo gran sentimiento muchas lágrimas vertía; Rasgaba sus vestiduras, con gran dolor que sentía; Ninguno le consolaba, porque no lo permitía. Mas después, en sí tornando, a grandes voces decía: -Tóquense mis añafiles, trompetas de plata fina; júntense mis caballeros cuantos en mi reino había, vayan con mis dos hermanos A Archidonia, esa mi villa, en socorro de Antequera, llave de mi señoría. Y así con este mandado se juntó gran morería: ochenta mil peones fueron el socorro que venía, cinco mil de a caballo, los mejores que tenía. Así en la Boca del Asna este real sentado había A vista del Infante, el cual ya se apercibía confiando en la victoria que de ellos Dios les daría, sus gentes bien ordenadas: de San Juan era aquel día, cuando se dio la batalla, fue la villa combatida con lombardas y pertrechos, y con una gran bastida, con que le ganan las torres de donde era defendida.
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Después dieron el castillo los moros a pleitesía, que libres con sus haciendas el infante los ponía En la villa de Archidonia, lo cual todo se cumplía; Y así se ganó Antequera a loor de Santa María.
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Se conserva en Cancioneros de siglo XVI, y algunos versos en la tradición oral de los sefardíes orientales. |
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| ARRIBA | |
La mañana de San Juan al tiempo que alboreaba, gran fiesta hacen los moros por la Vega de Granada. Revolviendo sus caballos y jugando de las lanzas, ricos pendones en ellas broslados por sus amadas, ricas marlotas vestidas tejidas de oro y grana. El moro que amores tiene señales de ello mostraba, y el que no tenía amores allí no escaramuzaba. Las damas moras los miran de las torres del Alhambra, también se los mira el rey de dentro de la Alcazaba. Dando voces vino un moro con la cara ensangrentada: -Con tu licencia, el rey, te daré una nueva mala: el infante don Fernando tiene a Antequera ganada; muchos moros deja muertos, yo soy quien mejor librara; siete lanzadas yo traigo, el cuerpo todo me pasan; los que conmigo escaparon en Archidona quedaban- Con la tal nueva el rey la cara se le demudaba; manda juntar sus trompetas que toquen todas el arma, manda juntar a los suyos, hace muy gran cabalgada, y a las puertas de Alcalá, que la real se llamaba, los cristianos y los moros una escaramuza traban. Los cristianos eran muchos, mas llevaban orden mala; los moros, que son de guerra, dádoles han mala carga, de ellos matan, de ellos prenden, de ellos toman en celada. Con la victoria, los moros van la vuelta de Granada; a grandes voces decían: —¡La victoria ya es cobrada! |
Ha pervivido en la tradición oral de Castilla, Cataluña y sefardí. Es el mismo tema que el anterior, pero desde el punto de vista morisco, el final da la victoria a los moros, aunque no ocurrió así. |
| ABENÁMAR | ARRIBA |
—¡Abenámar, Abenámar, moro de la morería, el día que tú naciste grandes señales había! Estaba la mar en calma, la luna estaba crecida: moro que en tal signo nace: no debe decir mentira. Allí respondiera el moro, bien oiréis lo que decía: —Yo te la diré, señor, aunque me cueste la vida, porque soy hijo de un moro y una cristiana cautiva; siendo yo niño y muchacho mi madre me lo decía: que mentira no dijese, que era grande villanía; por tanto pregunta, rey, que la verdad te diría. —Yo te agradezco, Abenámar, aquesa tu cortesía. ¿Qué castillos son aquéllos? ¡Altos son y relucían! —El Alhambra era, señor, y la otra la mezquita, los otros los Alixares, labrados a maravilla. El moro que los labraba cien doblas ganaba al día, y el día que no los labra, otras tantas se perdía. El otro es Generalife, huerta que par no tenía. El otro Torres Bermejas, castillo de gran valía. Allí habló el rey don Juan, bien oiréis lo que decía: —Si tú quisieses, Granada, contigo me casaría; darete en arras y dote a Córdoba y a Sevilla. -Casada soy, rey don Juan, casada soy, que no viuda; el moro que a mí me tiene muy grande bien me quería. |
Se sitúa en el reinado de Juan II de Castilla y la injerencia castellana en el reino musulman de Granada. |
| Hay tres versiones : la que incluyó Gines Pérez de Hita en sus Guerras civiles de Granada y en Cancioneros del siglo XVI. | |
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El suceso histórico es la muerte del Adelantado Mayor de Andalucía, don Diego de Rivera, en el cerco de la villa de Álora, en 1434. |
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ÁLORA, LA BIEN CERCADA |
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Álora, la bien cercada, tú que estás a par del río, cercote el adelantado una mañana en domingo, con peones y hombres de armas hecho la había un portillo. Viérades moros y moras que iban huyendo al castillo; las moras llevaban ropa, los moros, harina y trigo. Por encima del adarve su pendón llevan tendido. Allá detras de una almena quedádose ha un morillo con una ballesta armada y en ella puesta un cuadrillo. Y en altas voces decía que la gente lo ha oído: —¡Treguas, tregua, adelantado, que tuyo se da el castillo! Alzó la visera arriba, para ver quién lo había dicho, apuntáralo a la frente, salido le ha al colodrillo. Tómale Pablo de rienda, de la mano Jacobillo, que eran dos esclavos suyos que había criado de chicos. Llévanle a los maestros, por ver si le dan guarido. A las primeras palabras por testamento les dijo que él a dios se encomendaba y el alma se le ha salido. |
Nos ha llegado en pliegos sueltos. |
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| PÉRDIDA DE ALHAMA | El episodio es la toma de Alhama por los cristianos el 28 de febrero de 1482, al inicio de la guerra de Granada. |
Paseábase el rey moro por la ciudad de Granada, desde la puerta de Elvira hasta la de Vivarambla —¡Ay de mi Alhama! Cartas le fueron venidas que Alhama era ganada. Las cartas echó en el fuego, y al mensajero matara. —¡Ay de mi Alhama! Descabalga de una mula y en un caballo cabalga, por el Zacatín arriba subido se había al Alhambra. —¡Ay de mi Alhama! Como en el Alhambra estuvo, al mismo punto mandaba que se toquen sus trompetas, sus añafiles de plata. —¡Ay de mi Alhama! Y que las cajas de guerra apriesa toquen el arma, porque lo oigan sus moros, los de la Vega y Granada. —¡Ay de mi Alhama! Los moros, que el son oyeron, que al sangriento Marte llama, uno a uno y dos a dos juntado se ha gran batalla. —¡Ay de mi Alhama! Allí habló un moro viejo, de esta manera hablara: -¿Para qué nos llamas, rey? ¿Para qué es esta llamada? —¡Ay de mi Alhama! —Habéis de saber, amigos, una nueva desdichada: que cristianos de braveza ya nos han ganado Alhama. —¡Ay de mi Alhama! Allí habló un alfaquí, de barba crecida y cana: —Bien se te emplea, buen rey, buen rey, bien se te empleara —¡Ay de mi Alhama! —Mataste los Bencerrajes, que eran la flor de Granada; cogiste los tornadizos de Córdoba la nombrada. —¡Ay de mi Alhama! Por eso mereces, rey, una pena muy doblada: que te pierdas tú y el reino, y aquí se pierda Granada. —¡Ay de mi Alhama! |
Fue muy conocido en los Siglos de Oro, aparece en Cancioneros, en las Guerras civiles de Granada y en libros de música. |
Este romance tiene un estribillo: — ¡Ay de mi Alhama! Los músicos cortesanos de finales del siglo XV solían añadir un estribillo cada cierto número de versos para adaptarlo a la melodía musical. Toman esta técnica de la lírica. |
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Épicos nacionales |
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Según la leyenda, la invasión musulmana de la Península fue provocada por una ofensa de don Rodrigo al conde don Julián: sedujo a su hija Florinda y don Julián, gobernador de Ceuta, como venganza dejó pasar a los moros hacia la península. Florinda fue llamada desde entonces La Cava, significa prostituta. El rey fue vencido y su reino destruido con lo que pagó su pecado. |
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Son romances de origen erudito y la mayoría proceden de la Crónica Sarracina de Pedro del Corral del siglo XV. Se han transmitido en Cancioneros y pliegos sueltos. La Penitencia de don Rodrigo se conserva en la tradición oral. |
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| VISIÓN DE DON RODRIGO | |
Los vientos eran contrarios, la luna estaba crecida, los peces daban gemidos por el mal tiempo que hacía, cuando el buen rey don Rodrigo junto a la Cava dormía, dentro de una rica tienda de oro bien guarnecida. Trescientas cuerdas de plata que la tienda sostenían; dentro había cien doncellas vestidas a maravilla: las cincuenta están tañendo con muy extraña armonía. las cincuenta están cantando con muy dulce melodía. Allí habló una doncella que Fortuna se decía: -Si duermes, rey don Rodrigo, despierta por cortesía. y verás tus malos hados, tu peor postrimería, y verás tus gentes muertas, y tu batalla rompida, y tus villas y ciudades destruidas en un día, tus castillos fortalezas otro señor los regía. Si me pides quién lo ha hecho, yo muy bien te lo diría: ese conde don Julián por amores de su hija, porque se la deshonraste y más de ella no tenía juramento viene echando que te ha de costar la vida. Despertó muy congojado con aquella voz que oía; con cara triste y penosa de esta suerte respondía: -Mercedes a ti, Fortuna, de esta tu mensajería. Estando en esto ha llegado uno que nueva traía cómo el conde don Julián las tierras le destruía. |
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| PENITENCIA DE DON RODRIGO | ARRIBA |
Después que el rey don Rodrigo |
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| Ver el tema de épica | |
ENTREVISTA DE BERNARDO CON EL REY |
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Con cartas sus mensajeros |
Muy difundido en Cancioneros del XVI y llega hasta el siglo XVIII. |
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| Tema de épica:Poema de Fernán González. | |
| CRIANZA DE FERNÁN GONZÁLEZ | |
En Castilla no había rey, ni menos emperador, sino un infante niño, (niño) y de poco valor; andábanlo por hurtar caballeros de Aragón. Hurtado le ha un carbonero de los que hacen carbón. No le muestra a cortar leña, ni menos hacer carbón, muéstrale a jugar las cañas y muéstrale justador, también a jugar los dados y las tablas muy mejor. —Vámonos, dice, mi ayo, a mis tierras de Aragón; a mí me alzarán por rey y a vos por gobernador.
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| LAS CORTES DE LEÓN | ARRIBA |
-Buen conde Fernán González, |
Se incluyó en varios pliegos sueltos, en Cancioneros y una versión en la obra del siglo XVII Comedia de la libertad de Castilla y en la de Lope de Vega El conde Fernán González. |
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| Tema de épica | |
A cazar va don Rodrigo, y aun don Rodrigo de Lara, con la grande siesta que hace arrimádose ha a una haya, maldiciendo a Mudarrillo, hijo de la renegada, que si a las manos le hubiese que le sacaría el alma. El señor estando en esto, Mudarrillo que asomaba: -Dios te salve, caballero, debajo la verde haya. -Así haga a ti, escudero, buena sea tu llegada. -Dígasme tú, el caballero, ¿cómo era la tu gracia? -A mí me dicen don Rodrigo, y aun don Rodrigo de Lara, cuñado de Gonzalo Gustos, hermano de doña Sancha; por sobrinos me los hube los siete infantes de Salas; espero aquí a Mudarrillo, hijo de la renegada; si delante lo tuviese, yo le sacaría el alma. -Si a ti te dicen don Rodrigo, y aun don Rodrigo de Lara, a mí Mudarra González, hijo de la renegada; de Gonzalo Gustos hijo y anado de doña Sancha; por hermanos me los hube los siete infantes de Salas. Tú los vendiste, traidor, en el val de Arabiana, mas si Dios a mí me ayuda, aquí dejarás el alma. -Espéresme, don Gonzalo, iré a tomar las mis armas. -El espera que tú diste a los infantes de Lara. Aquí morirás, traidor, enemigo de doña Sancha. |
Ha llegado en dos pliegos sueltos y en Cancioneros.
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| ROMANCES DEL CID | Tema del Cid |
| JURA DE SANTA GADEA | |
En Santa Águeda de Burgos, do juran los hijosdalgo, le tomaban jura a Alfonso por la muerte de su hermano. Tomábasela el buen Cid, ese buen Cid castellano, sobre un cerrojo de fierro y una ballesta de palo, y con unos evangelios y un crucifijo en la mano. Las palabras son tan fuertes, que al buen rey ponen espanto: -Villanos te maten, Alfonso, villanos, que no hidalgos, de las Asturias de Oviedo, que no sean castellanos; mátente con aguijadas, no con lanzas ni con dardos; con cuchillos cachicuernos, no con puñales dorados; abarcas traigan calzadas, que no zapatos con lazo; capas traigan aguaderas, con camisones de estopa, cabalguen en sendas burras, que no en mulas ni en caballos; frenos traigan de cordel, que no cueros fogueados. Mátente por las aradas, que no en villas ni en poblado; sáquente el corazón por el siniestro costado, si no dices la verdad de lo que eres preguntado, sobre si fuiste o no en la muerte de tu hermano. Las juras eran tan fuertes que el rey no las ha otorgado. Allí habló un caballero que del rey es más privado: -Haced la jura, buen rey, no tengáis de eso cuidado, que nunca fue rey traidor, ni papa descomulgado. Jurado había el buen rey que en tal nunca fue hallado; pero también dijo presto, malamente y enojado: -¡Muy mal me conjuras, Cid! ¡Cid, muy mal me has conjurado! Porque hoy le tomas la jura, a quien has de besar la mano. Vete de mis tierras, Cid, mal caballero probado, y no vengas más a ellas dende este día en un año. -Pláceme, dijo el buen Cid, pláceme, dijo, de grado, por ser la primera cosa que mandas en tu reinado. Por un año me destierras, yo me destierro por cuatro. Ya se partía el buen Cid, a su destierro de grado con trescientos caballeros, todos eran hijosdalgo; todos son hombres mancebos, ninguno no había cano; todos llevan lanza en puño con el fierro acicalado, y llevan sendas adargas con borlas de colorado. Mas no le faltó al buen Cid adonde asentar su campo. |
En este romance se narra el suceso que dio lugar al destierro del Cid por el rey Alfonso VI:Los castellanos hacen jurar al rey leonés Alfonso que no tomó parte en la muerte de su hermano Sancho de quien va a heredar Castilla. |
| DESTIERRO DEL CID | ARRIBA |
—¿Ande habéis estado, el Sidi, que en Corte no habéis entrado? La barba traéis velluda, el cabello ciezo y cano. —Yo he estado en las batallas con los moros guerreando. —Viñas y castillos, el Sidi, me han dicho que habéis ganado; partirlas con el conde Alarcos que aunque es pobre, es buen fidalgo. —Partirlas vos, mi señor rey, que lo habéis heredado, que los que yo me tenía sangre real me han costado: sangre de condes y duques, señores de grande estado. Por no besar tu rodilla me tenían menospreciado; mi padre te las besaba le tenías encharzado. Si como estaba yo en diez años tuviera yo quince años, la cabeza entre los hombros al suelo te la hubiera echado.-- Unos miran a los otros: nadie que fuera osado sino era el conde Alarcos que por su mal le ha buscado. Sacó espada de su cinto y al pie del rey la ha echado. —Aína, mis caballeros, desterradme a este Sidi de mis tierras por un año. —Si me destierras por un año, yo me destierro por cuatro. Irme he de tus tierras brutas de bárbaro y soldado, irme he yo a las de mi padre de duque y de fidalgo; irme he de tus tierras brutas, brutas y de malos paños; irme he yo a las de mi padre de sedas y de brocados. Trescientas tiendas que tenía todas a mí me han dado; la más chiquita de ellas tiene el Cristo retratado; en la cabeza de Cristo hay un rubí esmerado que si la aprecian los moros vale más que tu reinado. —Aína, mis caballeros, aína, mis hijos de algo: que un hombre tan valiente no salga de mi reinado.—
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Sólo se conserva en la tradición oral sefardí de Marruecos, algún fragmento en la isla de Madeira y en Macedonia; en Andalucía y en textos de los Siglos de Oro. |
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Tres cortes armara el rey,
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Aparece en Cancioneros y en varios pliegos. |
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Épicos no nacionales |
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| Carolingios | |
| Tema de épica | |
ROMANCE DE DOÑA ALDA |
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En París está doña Alda, la esposa de don Roldán. trescientas damas con ella para la acompañar: todas visten un vestido, todas calzan un calzar, todas comen a una mesa, todas comían de un pan, si no era sola doña Alda que era la mayoral; las ciento hilaban oro, las ciento tejen cendal, las ciento instrumentos tañen para doña Alda holgar. Al son de los instrumentos doña Alda adormido se ha, ensoñado había un sueño, un sueño de gran pesar. Recordó despavorida y con un pavor muy grande, los gritos daba tan grandes que se oían en la ciudad. Allí hablaron sus doncellas, bien oiréis lo que dirán: —¿Qué es aquesto, mi señora? ¿quién es el que os hizo mal? —Un sueño soñé, doncellas, que me ha dado gran pesar: que me veía en un monte en un desierto lugar; bajo los montes muy altos un azor vide volar; tras dél viene una aguililla que lo afincaba muy mal. El azor, con grande cuita, metióse so mi brial, el aguililla, con grande ira, de allí lo iba a sacar; con las uñas lo despluma, con el pico lo deshace. Allí habló su camarera, bien oiréis lo que dirá: —Aquese sueño, señora, bien os lo entiendo soltar: el azor es vuestro esposo que viene de allende el mar, el águila sedes vos, con la cual ha de casar, y aquel monte es la iglesia donde os han de velar. —Si así es, mi camarera, bien te lo entiendo pagar. Otro día de mañana cartas de fuera le traen; tintas venían de dentro, de fuera escritas con sangre, que su Roldán era muerto en la caza de Roncesvalles. |
Doña Alda recibe la noticia de la muerte de Roldán. Ha llegado en Cancioneros y una versión oral de los sefardíes de Marruecos. |
| ROMANCES DE MONTESINOS | ARRIBA |
| ROSAFLORIDA | Basados en la Canción de gesta francesa Chanson de Aïol cuyo protagonista en la tradición española fue llamado Montesinos. |
En Castilla está un castillo, que se llama Rocafrida; al castillo llaman Roca, y a la fonte llaman Frida. El pie tenía de oro y almenas de plata fina; entre almena y almena está una piedra zafira; tanto relumbra de noche como el sol a mediodía. Dentro estaba una doncella que llaman Rosaflorida; siete condes la demandan, tres duques de Lombardía; a todos les desdeñaba, tanta es su lozanía. Enamoróse de Montesinos de oídas, que no de vista. Una noche estando así, gritos da Rosaflorida; oyérala un camarero, que en su cámara dormía. —«¿Qu'es aquesto, mi señora? ¿Qu'es esto, Rosaflorida? »O tenedes mal de amores, o estáis loca sandía». —«Ni yo tengo mal de amores, ni estoy loca sandía, »mas llevásesme estas cartas a Francia la bien guarnida; »diéseslas a Montesinos, la cosa que yo más quería; »dile que me venga a ver para la Pascua Florida; »darle he siete castillos los mejores que hay en Castilla; »y si de mí más quisiere yo mucho más le daría: »darle he yo este mi cuerpo, el más lindo que hay en Castilla, »si no es el de mi hermana, que de fuego sea ardida». |
Ha pervivido en Cancioneros y en la tradición oral en Canarias, Cataluña, Santander y sefardíes de Marruecos. |
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Nunca fuera caballero de damas tan bien servido como fuera Lanzarote cuando de Bretaña vino: que dueñas curaban dél, doncellas del su rocino, esa dueña Quintañona ésa le escanciaba el vino, la linda reina Ginebra se lo acostaba consigo; y estando al mejor sabor que sueño no había dormido, la reina toda turbada un pleito ha conmovido: —Lanzarote, Lanzarote, si antes hubieras venido no hablara el orgulloso las palabras que había dicho, que a pesar de vos, señor, se acostaría conmigo. Ya se arma Lanzarote de gran pesar conmovido, despídese de su amiga, pregunta por el camino; topó con el orgulloso debajo de un verde pino, combátense de las lanzas, a las hachas han venido; desmaya el orgulloso, ya cae en tierra tendido, cortárale la cabeza sin hacer ningún partido; vuélvese para su amiga donde fue bien recibido.
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Episodio de los amores de Lanzarote y la reina Ginebra. Conservado en Cancioneros, pliegos sueltos. Aparece en el Quijote. |
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ARRIBA |
Novelescos |
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¡Quién hubiera tal ventura sobre las aguas del mar como hubo el infante Arnaldos la mañana de San Juan! Andando a buscar la caza para su falcón cebar, vio venir una galera que a tierra quiere llegar; las velas trae de sedas, áncoras tiene de plata, tablas de fino coral. Marinero que la guía, diciendo viene un cantar, que la mar ponía en calma, los vientos hace amainar; los peces que andan al hondo, arriba los hace andar; las aves que van volando, al mástil vienen posar. Allí habló el infante Arnaldos, bien oiréis lo que dirá: —Por tu vida, el marinero, dígasme ora ese cantar. Respondióle el marinero, tal respuesta le fue a dar: —Yo no canto mi canción sino a quién conmigo va.
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Ha llegado a través de Cancioneros y versiones más largas en la tradición oral sefardí de Marruecos. |
| EL CONDE OLINOS | ARRIBA |
Conde Olinos por amores es niño y bajó a la mar, fue a dar agua a su cabaIlo la mañana de San Juan. Desde las torres más altas la reina le oyó cantar: -Mira, niña, cómo canta la sirenita del mar. -No es la sirenita, madre, que ésa tiene otro cantar: es la voz del conde Niño que por mí llorando está. -Si es la voz del conde Niño yo le mandaré matar, que para casar contigo le falta sangre reaI. -No le mande matar, madre, no lo mande usted matar, que si lo manda matar, madre, juntos nos han de enterrar. -Guardias mandaba la reina al conde Niño buscar, que le maten a lanzadas y su cuerpo echen al mar. Él murió a la media noche y ella a los gallos cantar; ella, como hija de reyes, la entierran en el altar y él, como hijo de condes, tres pasitos más atrás. de ella nació una rosa y de él un tulipán; la madre, llena de envidia, ambos los mandó cortar. De ella nació una paloma, de él un fuerte gavilán, Juntos vuelan por el cielo, juntos vuelan par a par. |
Está muy extendido en la tradición oral en castellano, portugués y la sefardí de Oriente y Marruecos. |
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Mañanita de San Juan, mañanita de primor, cuando damas y galanes van a oír misa mayor. Allá va la mi señora, entre todas la mejor; viste saya sobre saya, mantellín de tornasol, camisa con oro y perlas bordada en el cabezón. En la su boca muy linda lleva un poco de dulzor; en la su cara tan blanca, un poquito de arrebol, y en los sus ojuelos garzos Lleva un poco de alcohol; así entraba por la iglesia relumbrando como el sol. Las damas mueren de envidia, y los galanes de amor. El que cantaba en el coro, en el credo se perdió; el abad que dice misa, ha trocado la lición; monacillos que le ayudan, no aciertan responder, non, por decir amén, amén, decían amor, amor. |
La hipótesis más aceptada es su origen en una balada griega a través del catalán en el siglo XIV, a raíz de la presencia de Cataluña en Grecia. El conflicto fundamental de la balada es la boda interrumpida por la presencia de la amante. |
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Una teoría es que este romance procede de Juan del Encina y, a partir de él, Persistió en la tradición oral en diferentes versiones. Es un romance lírico |
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Un sueño soñaba anoche soñito del alma mía, soñaba con mis amores, que en mis brazos los tenía. Vi entrar señora tan blanca, muy más que la nieve fría. —¿Por dónde has entrado, amor? ¿Cómo has entrado, mi vida? Las puertas están cerradas, ventanas y celosías. —No soy el amor, amante: la Muerte que Dios te envía. —¡Ay, Muerte tan rigurosa, déjame vivir un día! —Un día no puede ser, una hora tienes de vida. Muy deprisa se calzaba, más deprisa se vestía; ya se va para la calle, en donde su amor vivía. —¡Ábreme la puerta, blanca, ábreme la puerta, niña! —¿Cómo te podré yo abrir si la ocasión no es venida? Mi padre no fue al palacio, mi madre no está dormida. —Si no me abres esta noche, ya no me abrirás, querida; la Muerte me está buscando, junto a ti vida sería. —Vete bajo la ventana donde labraba y cosía, te echaré cordón de seda para que subas arriba, y si el cordón no alcanzare, mis trenzas añadiría. La fina seda se rompe; la muerte que allí venía: —Vamos, el enamorado, que la hora ya está cumplida. |
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Que por mayo era, por mayo, cuando hace la calor, cuando los trigos encañan y están los campos en flor, cuando canta la calandria y responde el ruiseñor, cuando los enamorados van a servir al amor; sino yo, triste, cuitado, que vivo en esta prisión; que ni sé cuándo es de día ni cuándo las noches son, sino por una avecilla que me cantaba el albor. Matómela un ballestero; déle Dios mal galardón. |
Otro ejemplo de romance lírico. Se transmite en Cancioneros, se cita en obras como el Amadís de Gaula, el Guzmán de Alfarache y ha pervivido en la tradición oral. Hay varias versiones.
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| ROMANCE DE LA INFANTINA | ARRIBA |
A cazar va el caballero, |
Ha persistido en la tradición oral, sobre todo en los sefardíes de Marruecos. Hay escasos testimonios en los Siglos de Oro. |
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Fontefrida, Fontefrida, Fontefrida y con amor, do todas las avecicas van tomar consolación, si no es la tortolica que está viuda y con dolor. Por ahí fuera pasar el traidor del ruiseñor, las palabras que él decía llenas son de traición; —Si tu quisieses, señora, yo sería tu servidor. —Vete de ahí, enemigo, malo, falso, engañador, que ni poso en ramo verde, ni en prado que tenga flor, que si hallo el agua clara, turbia la bebía yo; que no quiero haber marido, porque hijos no haya, no, no quiero placer con ellos, ni menos consolación. Déjame, triste enemigo, malo, falso, mal traidor, que no quiero ser tu amiga ni casar contigo, no |
Hay testimonios de este romance desde el siglo XV; pervivió en pliegos sueltos, Cancioneros y algunas versiones orales.
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Blanca sois, señora mía, más que el rayo del sol: ¿Si la dormiré esta noche desarmado y sin pavor? Que siete años había, siete, que no me desatino, no. Más negras tengo mis carnes que un tiznado carbón. —Dormilda, señor, dormilda, desarmado sin temor, que el conde es ido a la caza a los montes de León. —Rabia le mate los perros, y águilas el su halcón, y del monte hasta casa, a él arrastre el morón. Ellos en aquesto estando, su marido que llegó: —¿Qué hacéis, la Blancaniña, hija de padre traidor? —Señor, peino mis cabellos, péinolos con gran dolor, que me dejéis a mí sola y a los montes os vais vos. —Esa palabra, la niña, no era sino traición: ¿Cuyo es aquel caballo que allá abajo relinchó? —Señor, era de mi padre, y envióoslo para vos, —¿Cuyas son aquellas armas que están en el corredor? —Señor, eran de mí hermano, y hoy os las envió. —¿Cúya es aquella lanza, desde aquí la veo yo? ——Tomalda, conde, tomalda, matadme con ella vos, que aquesta muerte, buen conde, bien os la merezco yo. |
El mismo asunto :El marido que regresa y sorprende a la mujer con su amante, aparece en abundantes obras medievales de todo el mundo. Hay versiones del romace en los Cancioneros y en la tradición oral catalana, portuguesa, castellana y sefardí. Versión mejicana en el corrido de la Martina
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Rosafresca, Rosafresca, tan garrida y con amor, cuando yo os tuve en mis brazos no vos supe servir, no, y ahora que os serviría no vos puedo haber, no. —Vuestra fue la culpa, amigo, vuestra fue, que mía no: enviásteme una carta con un vuestro servidor y en lugar de recaudar él dijera otra razón: que érades casado, amigo, allá en tierra de León, que tenéis mujer hermosa y hijos como una flor. —Quien vos lo dijo, señora, no vos dijo verdad, no, que yo nunca entré en Castilla ni allá en tierras de León, sino cuando era pequeño que no sabía de amor |
Fue glosado por poetas del siglo XV e impreso en pliegos sueltos. Aparece en varios Cancioneros en el XVI. También su música. |
| LA BELLA MALMARIDADA | ARRIBA |
La bella malmaridada La bella mal maridada, de las lindas que yo ví, véote tan triste, enojada, la verdad dila tú a mí. Si has de tomar amores por otro, no dejes a mí, que a tu marido, señora, con otras dueñas lo vi, besando y retozando, mucho mal dice de ti; juraba y perjuraba que te había de ferir. Allí habló la señora, allí habló, y dijo así: —Sácame tú, el caballero, tú sacásesme de aquí; por las tierras donde fueres bien te sabría yo servir: yo te haría bien la cama en que hayamos de dormir, yo te guisaré la cena como a caballero gentil, de gallinas y capones y otras cosas más de mil; que a este mi marido ya no le puedo sufrir, que me da muy mala vida cual vos bien podéis oír. Ellos en aquesto estando, su marido hélo aquí: —¿Qué hacéis mala traidora? ¡Hoy habedes de morir!-- —¿Y por qué, señor? ¿por qué?, que nunca os lo merecí. Nunca besé a ningún hombre, nin hombre me besó a mí. Las penas que él merecía, señor, daldas vos a mí: con riendas de tu caballo, señor, azotes a mí; con cordones de oro y sirgo viva ahorques a mí. En la huerta del naranjo viva entierres tú a mí, en sepoltura de oro y labrada de marfil, y pongas encima un mote, señor, que diga así: «Aquí está la flor de las flores, por amores murió aquí cualquier que muere de amores mándese enterrar aquí que así hice yo, mezquina, que por amar me perdí. |
Aparece, solo o glosado, en pliegos sueltos del siglo XVI y en Cancioneros. En el siglo XVII, Lope de Vega lo utilizó en una comedia con el mismo título.
La malmaridada es el mismo tema que aparece en la lírica popular de Castilla. |
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